Dos semanas después del referéndum a través del que los británicos han decidido abandonar la Unión Europea, las informaciones se multiplican de forma exponencial.

Hasta el 23 de junio la mayoría de los análisis tenían que ver con los beneficios de la permanencia para Gran Bretaña y para el conjunto de la Europa Unida, pero también de las potenciales consecuencias que acarrearía su salida.

Ahora de lo que se habla es de los plazos de salida, y de los movimientos de empresas e instituciones para reorganizar un modelo que solo contemplaba algo similar en la teoría.

Cuanto antes asumamos el nuevo escenario, mejor para todos. De nada vale lamerse las heridas o pensar qué se ha hecho para llevar a la Unión Europea a esta situación. Ya hemos superado esa fase. De hecho, el Fondo Monetario Internacional acaba de enviar un mensaje nítido: Conviene no quedarse parados y poner en marcha los proyectos europeos que la presencia de Gran Bretaña en la Unión estaba lastrando.

Los medios de comunicación han publicado que multinacionales como Vodafone y Siemens están cuestionando la permanencia de sus sedes en suelo británico. El dinero no atiende a cuestiones identitarias o políticas, se mueve en función del interés puro y duro que les reportan las decisiones que toman las empresas y que derivan en beneficios o pérdidas. El hecho de que una firma británica como Vodafone esté dispuesta a llevar su central al continente se entiende fácilmente al analizar su cuenta de explotación: el 11% de sus beneficios procede del Reino Unido, y el 55% del resto de países de la Unión Europea.

Hay gente que está hilando muy fino. Hace unos días el Ayuntamiento de Málaga ha aprobado solicitar a las autoridades europeas que la ciudad sea la sede de la Agencia Europea de Medicamentos, actualmente en Londres y responsable de la evaluación y supervisión de los medicamentos para consumo humano y animal.

¿Oportunismo? no, sentido práctico. El Brexit va a crear nuevas oportunidades generadas de la salida de los británicos. Se trata de aprovecharlas para compensar los problemas, no solo económicos, que acarrea esta decisión.

¿Puede una ciudad como Salamanca, o cualquier otra de Castilla y León, favorecerse de una situación semejante? Puede, si se dan las condiciones necesarias y se hacen las cosas bien. Disponemos de un Parque Científico y Tecnológico en expansión en el que se están instalando multinacionales de la informática como la neozelandesa Mega o la norteamericana UST Global para operar en Europa. ¿Es descabellado pensar que algunas de las firmas que están instaladas en Londres u otras ciudades británicas no estarían interesadas en venir a una ciudad como esta, en el centro geográfico de un mercado peninsular de 55 millones de personas?

Conviene, como dice el refrán, hacer de la necesidad virtud. Europa está cambiando, y en ese tránsito se generan nuevas situaciones, no todas negativas, a las que los más hábiles y ágiles sabrán sacar partido.

¿Seremos capaces de aprovechar esta oportunidad?

Escrito por Juan M. Corchado

Catedrático en el Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Salamanca. Director del Grupo de Investigación BISITE // Full Professor in Area of Computer Science and Artificial Intelligence at University of Salamanca. Director of the BISITE Research Group