Hace menos de dos años Microsoft compró WhatsApp por 19.700 millones de dólares, y poco después Facebook hizo lo mismo con Instagram por unos 1.000 millones. Las empresas consolidadas defendiéndose y haciéndose más fuertes gracias a las startups más codiciadas del universo de las redes sociales.

Lo que me llama la atención de estas operaciones no es el precio, ni la oportunidad, sino un dato que deja bien claro cómo son las nuevas empresas que tienen éxito en el mundo de las tecnologías de la comunicación: en el momento de ser comprada, WhatsApp tenía 40 empleados e Instagram 14.

El factor humano vive momentos delicados en los procesos productivos. Lo señalaron algunos dirigentes mundiales en Davos esta primavera, y cada semana se publican nuevos estudios que cuantifican la mano de obra que va a perderse en los próximos años por la robotización de muchas tareas y el uso masivo de la inteligencia artificial.

La pregunta es ¿cuánto debemos preocuparnos? Antes de tratar de responderla quiero recordar lo que sucedió en algunos países europeos en la primera mitad del siglo XIX, cuando la revolución industrial cambió radicalmente los procesos de producción. La industria textil fue la primera en experimentar la automatización, y allí donde tres y hasta cuatro operarios manejando un telar, las nuevas tecnologías dejaron sin trabajo a más de la mitad de los empleados, algunos de los cuales emprendieron un movimiento reivindicativo que pasaba por los sabotajes y la destrucción de máquinas.

Aquel movimiento, el ludismo, se difuminó en los enfrentamientos entre los sindicatos y patronales a lo largo de los años. La lucha directa contra las máquinas era una batalla perdida porque era un enfrentamiento con el progreso, que avanzaba imparable. Con el paso del tiempo, los trabajadores comprendieron que esos mismos adelantos permitían crear nuevas oportunidades de negocio, y por lo tanto nuevos empleos en otros eslabones de la cadena productiva y de distribución.

La cuestión es que ese proceso ha continuado con una progresión más o menos estable a lo largo del siglo XX, y que es ahora cuando parece que se acelera, lo que sumado a la crisis económica internacional de los últimos ocho años ha hecho saltar de nuevo las alarmas.

Máquinas VS empleo

Y sin embargo, el fenómeno de la robotización masiva del trabajo no se da por igual en todas partes. Un informe de la OCDE señala que España es el tercer país que integra la organización donde se perderán más empleos, por detrás de Alemania y Austria. ¿Las razones? Allí donde las tareas de los trabajadores son más repetitivas, el riesgo de que sean sustituidos por máquinas es mayor.

¿Qué debemos hacer? A nivel empresarial, las organizaciones y sus dirigentes deben esforzarse en analizar cómo va a cambiar no solo su forma de producir y distribuir, sino los propios mercados y las necesidades de los consumidores y usuarios a medio y largo plazo. Hace tiempo que vivimos en una era digital que traslada buena parte de la actividad económica a escala individual a las tecnologías de la comunicación, desde hacer la compra a pedir un taxi, solicitar un certificado o hacer una operación bancaria. Algunos sectores, como el de las agencias de viajes o el periodismo, por poner dos ejemplos, se están reinventando antes incluso de que un robot o un programa pueda desarrollar la mayoría de las tareas propias de esa actividad. ¿Quiere esto decir que esos trabajos dejarán de desempeñarlos personas? La respuesta es no, porque para gestionar y darle valor a toda la información y los procedimientos que desarrollan las máquinas seguirán haciendo falta personas.

El reto, y también el éxito, está en saber aprovechar lo que la tecnología cambia para rediseñar los negocios y trasladar la fuerza del trabajo a las actividades que lo requieren.

Y mientras tanto, tenemos una buena pista respecto a lo que cada uno de nosotros puede hacer para consolidar su papel en el ámbito laboral: a mayor grado de formación, menos posibilidades existen de ser desplazados por la tecnología. Según la OCDE, los trabajadores que cuentan con estudios universitarios tienen un 50% menos de posibilidades de ser reemplazados por máquinas, y en el caso de quienes hayan cursado un máster o un doctorado la probabilidad es casi cero.

Escrito por Juan M. Corchado

Catedrático en el Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Salamanca. Director del Grupo de Investigación BISITE // Full Professor in Area of Computer Science and Artificial Intelligence at University of Salamanca. Director of the BISITE Research Group

2 Comentarios

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