El 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional Contra la Violencia de Género. Se cumplían 56 años de un crimen machista contra tres hermanas en la República Dominicana. Y a pesar de los grandes avances que el mundo ha experimentado en este medio siglo, cada día se cometen nuevos atentados y asesinatos contra mujeres en todos los países, desarrollados o no.

Alguien se ha referido a este problema como un tipo de terrorismo silencioso, que no levanta banderas pero que resulta tan letal como cualquier causa sanguinaria que atenta y mata por una idea.

En la Universidad de Salamanca se han puesto en marcha diversas iniciativas a lo largo de la semana, desde la declaración institucional del Consejo de Gobierno hasta conferencias, cineforums, workshops y concentraciones públicas. También hemos editado recientemente un libro  de la profesora Esther del Brío sobre el tema.

Ante un problema de este tipo, que afecta a todos y para el que no existen soluciones sencillas, pienso en cómo la ciencia y la tecnología pueden contribuir a que las mujeres en riesgo de ser objeto de esta violencia puedan estar más protegidas.

Ya hay dispositivos funcionando que contribuyen a mejorar su seguridad. Por ejemplo, los sistemas de teledetección, que avisan de la presencia de una persona que tiene una orden de alejamiento sobre otra. También se han desarrollado aplicaciones para teléfonos móviles que distribuyen mensajes de alerta y las coordenadas de las mujeres que están en situación de riesgo inminente. Y test de autodiagnóstico que permite detectar si una relación puede degenerar en situaciones de maltrato.

Como investigador, he tenido la oportunidad de trabajar en algunos proyectos orientados al seguimiento y vigilancia de personas a través de sistemas GPS, bluetooth y mediante el uso de algoritmos basados en redes neuronales, que permiten obtener información sobre individuos potencialmente peligrosos, y en especial de maltratadores.

Por ejemplo, el proyecto Guardián, que hemos desarrollado en BISITE en colaboración con la empresas Nebusens y Oesia Group, usa la inteligencia ambiental a través de las tecnologías A-GPS, GPRS y ZigBee para localizar y hacer un seguimiento de personas y, llegado el caso, lanzar una señal de alarma. Se estudia el comportamiento de maltratadores y con ello intentamos identificar si tienen intenciones de acercarse a sus víctimas.

Utilizando herramientas de Cloud Computing se abren muchas posibilidades a la hora de gestionar grandes cantidades de datos, por ejemplo los que se pueden obtener de la monitorización de redes sociales. Estos sistemas, que estamos desarrollando en el marco del proyecto PIAR, también pueden aplicarse a la prevención de la violencia de género.

El trabajo en este tipo de iniciativas, que pueden salvar vidas y evitar situaciones de violencia, es muy estimulante, porque más allá del reto científico de poner en marcha nuevos mecanismos para resolver problemas está la satisfacción de saber que, parte de tu trabajo, contribuye de forma directa al bienestar y la seguridad de otras personas en el mundo.

Tenemos que poner el esfuerzo en educar, concienciar y prevenir

En una batalla como esta, en la que los adversarios viven y se relacionan en aparente normalidad con su entorno hasta que son descubiertos, tenemos que poner el esfuerzo en educar, concienciar y prevenir. Si a ello podemos contribuir desde la ciencia y la tecnología, si algo de lo que los investigadores hacemos a partir de nuestro trabajo en universidades, empresas y centros de investigación, todo lo demás habrá valido la pena.

 

Escrito por Juan M. Corchado

Catedrático en el Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Salamanca. Director del Grupo de Investigación BISITE // Full Professor in Area of Computer Science and Artificial Intelligence at University of Salamanca. Director of the BISITE Research Group