Suenan trompetas de recuperación. Hoy en día no es difícil percibir el sentimiento general, reforzado desde distintas instancias, de que la fuerte crisis económica que hemos sufrido, con mayores o menores incertidumbres, está tocando a su fin. Es hora de mirar el futuro, sin dejar de lado el pasado, haciendo balance de lo ocurrido y de las decisiones tomadas durante diez años de recesión,  así como de la huella más que evidente y no menor, que ha dejado en la Universidad.

Durante estos años, desde algunos sectores sociales, la trascendencia del servicio a nivel educativo y profesional que nuestra Universidad ofrece a la sociedad, parece haber pasado a un segundo plano, superada por las exigencias de una  valoración de la actividad en términos puramente economicistas que, olvidando otros factores, se traduce en restricciones,  imposición de  controles y recortes no siempre aceptables.

Bien es cierto que más por méritos que por fortuna, la Universidad de Salamanca, ha conseguido, en gran medida, escapar a debates propios de otras Universidades. Nadie duda, ni puede hacerlo, de una institución que se aproxima a su octavo centenario, con la solvencia académica con la  que lo hace nuestra Universidad, pero, también es verdad que esta fortaleza no ha impedido que la Universidad de Salamanca, al igual que el resto, se haya visto afectada por las consecuencias negativas de la crisis. El encorsetamiento normativo al que nos hemos visto sometidos ha limitado en gran medida la capacidad de actuación de la institución, al que hay que añadir una complejidad burocrática de los procesos que ha condicionado en gran medida el servicio público que la Universidad ofrece.

Es hora de retomar el verdadero rumbo de nuestra academia como centro del saber. Desde la responsabilidad, es el momento de que la sociedad vuelva a valorar el factor de crecimiento educativo y profesional, al que ha contribuido, contribuye y seguirá contribuyendo nuestra Universidad.

Es evidente que para este empeño contamos con valiosísimos recursos tanto humanos como materiales. Docentes e investigadores de primer nivel y una estructura administrativa sólida que vela por su correcto funcionamiento. Pero de poco serviría todo esto si no lo acompañásemos de un modelo de gobernanza eficaz que, con responsabilidad y transparencia, permita alcanzar altos niveles en el servicio público prestado.

Se precisa una planificación estratégica que, atendiendo al entorno y la idiosincrasia de nuestra institución, en todos los niveles, permita fijar objetivos y medios para lograrlos. Un modelo que garantice la optimización de los recursos, así como el incremento de los mismos, a través de la implicación de un personal docente e investigador y el refuerzo de los vínculos de la Universidad con el entorno, reduciendo las trabas burocráticas, por medio de la adaptación y cooperación de sus estructuras.

Un modelo caracterizado por la colaboración de distintos profesionales, ya sean docentes, investigadores o personal de administración y servicios, reduciendo ineficacias y problemas de gestión, a fin de que consigan hacer lo que mejor saben sin interferencias y descoordinaciones. Solo así podremos potenciar el compromiso social que ha sido la seña de identidad de la Universidad de Salamanca durante casi ochocientos años.

                                         Alfredo Ávila, profesor titular de la Universidad de Salamanca

 

Escrito por Juan M. Corchado

Vicerrector de Investigación y Transferencia - Universidad de Salamanca // Vice President for Research and Technology Transfer - University of Salamanca