Estudiar en la Universidad de Salamanca ha sido durante muchos siglos sinónimo de prestigio, por el alto nivel formativo que proporciona el paso por sus aulas.

Por ese motivo, si las estrecheces económicas y los recortes sufridos en los últimos años han podido determinar que tal nivel se resienta, debemos remontar el vuelo y volver a conseguir ese sello de calidad que siempre la ha caracterizado y que la sitúe de nuevo entre las mejores.

Disponemos de unas condiciones óptimas para lograrlo: en medio de un entorno formado por los excesivos centros de reciente creación que aspiran a constituirse en universidades competitivas, destaca nuestra universidad, con su solidez centenaria, elegida por muchos de los grandes nombres que jalonan nuestra historia para cursar estudios en ella. Y elegida igualmente por muchas de las universidades creadas en el “Nuevo mundo” como modelo para la elaboración de sus constituciones y estatutos.

Ese patrimonio secular, ese pasado glorioso conocido y reconocido, no pueden impedirle a nuestra universidad, sin embargo, caminar firme hacia delante para no perder el pulso de los tiempos ni el liderazgo ganado durante siglos, más aún en un contexto en que los avances técnicos y sus aplicaciones a la docencia y a la investigación son imparables.

Tenemos que hacer nuestros esos avances y ser punta de lanza en su utilización y desarrollo. Como lo fuimos, por ejemplo, cuando en el siglo XV salía de nuestras aulas el autor de la primera gramática de la lengua castellana o nos situábamos en la cima de la actividad científica en ámbitos como el de la Astronomía. Esa búsqueda de la vanguardia que nos ha caracterizado en diversas ocasiones, debe ahora seguir potenciándose mediante una dotación racional de fondos bibliográficos en nuestras bibliotecas que favorezcan el aprendizaje continuado y de calidad; adecuando los espacios de estudio a las necesidades reales del alumnado; ampliando las herramientas informáticas disponibles para los estudiantes; modernizando los laboratorios y estimulando la docencia práctica en ellos; impulsando la movilidad nacional e internacional; ampliando los programas de becas de grado y posgrado; estimulando las prácticas en empresas… Todo ello permitirá a los graduados por Salamanca estar bien preparados para incorporarse al mundo laboral. Un mundo cambiante y exigente con el que la universidad debe mantener un diálogo fluido que fructifique en la preparación de los futuros profesionales de acuerdo con lo que la sociedad pide de ellos.

Lo anterior habrá de hacerse sin perder por el camino los valores educativos y humanistas que siempre nos han caracterizado: nuestro amor a la libertad de pensamiento y de expresión; nuestro respeto hacia quienes nos visitan buscando la fuente del saber; nuestra preocupación por la Educación con mayúsculas, no solo como transmisora de conocimiento sino como transformadora de las personas y de la sociedad. Y tendrá que hacerse asimismo fomentando actividades culturales y deportivas de altura, que no solo completarán la formación de los estudiantes, sino que ayudarán a que su paso por esta universidad sea imborrable y se recuerden con alegría, nostalgia y gratitud los años estudiantiles.

A lo largo de esa vida universitaria son muchas las informaciones que procesar, las normativas que conocer, los impresos que rellenar, los recursos que descubrir, las actividades en las que participar, las posibilidades de las que beneficiarse… Son tantos los estímulos a los que responder que, si al estudiante que lleva tres o cuatro años de carrera le pueden aturdir, al recién llegado le pueden hasta paralizar. De ahí que si se pudieran centralizar todas las gestiones en un lugar, donde además se informara y asesorara al estudiante de todo lo que le puede interesar y afectar, se le aligeraría en buena medida de lo que a veces se convierte en una auténtica carga. Conseguir ese centro único es un verdadero reto por el que debemos luchar con ilusión y eficacia.

La fuerza y el pasado de esta universidad nos otorgan confianza en nosotros mismos y en nuestra tarea. Todos debemos sentirnos orgullosos de formar parte de ella. Pero es tiempo de seguir acrecentando su prestigio y patrimonio científico y humanístico, convencidos de que podemos hacerla brillar y sobresalir todavía más de lo que ya lo hace.

            Bertha M. Gutiérrez Rodilla, Profesora Titular de la Universidad de Salamanca

 

Artículo publicado en El Norte de Castilla

Escrito por Juan M. Corchado

Vicerrector de Investigación y Transferencia - Universidad de Salamanca // Vice President for Research and Technology Transfer - University of Salamanca