Hace unas semanas se ha celebrado un encuentro internacional en Madrid sobre la economía circular. Es un concepto que se basa en un esquema de organización y gestión de los recursos inspirado en la naturaleza.

La idea, muy resumida, es pasar del modelo de producción lineal en el que los bienes se producen, usan y desechan a otro en el que, al terminar su vida útil, sus componentes se reutilizan. La economía circular se asienta en el reciclaje, pero es algo más complejo. Porque además de reducir la generación de residuos y la creación de nuevas oportunidades empresariales y laborales, reduce la dependencia exterior, rebaja los costes de producción y abre un nuevo marco de propiedad de los bienes de equipo.

Si las normas en materia de residuos se aplicaran en la Unión Europea de forma eficiente podrían crearse más de 400.000 puestos de trabajo, de los que 52.000 corresponderían a España, según datos de la Comisión Europea.

En nuestro país hemos tenido una economía demasiado expuesta a los vaivenes del mercado inmobiliario. La gestión y reutilización de las materias primas puede suponer el impulso del ecodiseño y la ecoinnovación como elementos sobre los que construir un sistema productivo más eficiente, y con capacidad de expandirse hacia el exterior. En las tecnologías de la información, las empresas productoras de equipos necesitan determinadas materias primas  (cobalto, platino, germanio y tierras raras, entre otras) que están controladas por unos pocos países. La reutilización de esos componentes a través de compañías nacionales podría ayudar a romper ese monopolio.

Por otra parte, el tipo de empleo generado en la economía circular es intensivo en conocimiento, y por tanto menos susceptible de ser sustituido por robots.

Desde la perspectiva de las universidades, el planteamiento encaja en nuestro modelo de investigación. Cada vez son más frecuentes los proyectos transdisciplinares, donde expertos en diferentes ámbitos de la ciencia colaboran en el desarrollo de investigaciones de corte holístico, en las que el valor que procede de distintos campos se agrega. Con una visión de ese tipo es más fácil el reaprovechamiento de los materiales y el estudio de su reutilización.

Si somos capaces de alinearnos con esta tendencia económica, conseguiremos tres objetivos: Contribuir a un uso sostenible de los recursos; desarrollar nuevos proyectos de investigación a través de los que favorecer la innovación y; en tercer lugar, crear un espacio de oportunidades para que nuestros titulados puedan poner en marcha proyectos empresariales o encontrar empleo.

Artículo publicado en el suplemento Innovadores de El Mundo de Castilla y León.

 

 

 

 

Escrito por Juan M. Corchado

Vicerrector de Investigación y Transferencia - Universidad de Salamanca // Vice President for Research and Technology Transfer - University of Salamanca