El libro “Alimentos del futuro” publicado por la Asociación de la Industria Alimentaria de Castilla y León (VITARTIS) ha incluido un artículo mío en el que aludo a la necesidad de implantar la tecnología en nuestra industria agrícola y ganadera.

“El campo ahoga a la ciudad, la masa rural es una terrible cadena que llevan en los pies los ciudadanos. Todo progreso político y cultural se embota en el campo. El ruralismo nos pierde. Esto solo se curará industrializando la agricultura, introduciendo la maquinaria en los campos”.

Miguel de Unamuno hablaba así hace un siglo sobre la realidad del mundo rural. Como persona inquieta y comprometida que era, le dolía el atraso de los pueblos y los padecimientos de las labores del campo, que apenas sí habían avanzado desde el arado romano.

Sin duda se llevaría una grata sorpresa si visitase hoy alguna explotación agraria o ganadera de las muchas que hay en Castilla y León. En medio siglo los cambios que han experimentado, de la mano de la ciencia y la tecnología, han sido espectaculares, desde los abonos artificiales y la mejora genética de las especies al uso de máquinas especializadas.

El sector agrario representa el 2’5% del PIB español.  Un porcentaje elevado si se compara con el de Alemania (0’7%) o Francia (1’7%), e incluso dos décimas por encima que el nuestra vecina Portugal (2’3%). Da empleo a  más de un millón de personas, y es el motor y la razón de ser de casi todo el medio rural.

La ciencia también se ocupa de la agricultura y la ganadería, y eso puede comprobarse visitando la Universidad de Salamanca, donde tenemos excelentes grupos de investigación que dedican parte de su trabajo a mejoras que se aplican en el campo. También contamos con un centro de especializado, el CIALE, con sede en el Parque Científico de Villamayor,  que lleva 15 años desarrollando actividades de I+D orientadas a la agricultura y la agronomía.

Por lo que se refiere a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), las aplicaciones son muchas y muy variadas. Quienes asistieron a la feria Salamaq 15 pudieron comprobarlo de forma directa.

En las actividades agrícolas y ganaderas hay un factor que la gente del campo valora especialmente, y es la eficiencia. Todas las labores se han profesionalizado, y para obtener los mejores rendimientos se precisa no solo de mucho trabajo, sino de las herramientas y procesos que permitan sacar el mejor partido a las explotaciones con el menor gasto de tiempo y dinero posible.

Hace unos meses tuve el placer de participar en una jornada profesional organizada por la Asociación de la Industria Alimentaria de Castilla y León sobre la aplicación de la industria 4.0 al sector agroalimentario. Hablamos de lo que tecnologías y sectores como el Big Data, la Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas aportan al campo, y fue muy agradable comprobar cómo los empresarios del sector valoran y aprecian el papel de la ciencia y la tecnología en su trabajo.

Pienso en procesos relativamente sencillos, como la automatización del riego o la de la alimentación de animales estabulados. Ahí la tecnología lleva años ayudando a agricultores y ganaderos. Pero ¿Y si le sumamos a los sistemas que ya funcionan la potencia de los nuevos avances en computación? ¿Se imaginan poder reaprovechar la energía  sobrante de las centrales eléctricas en el uso de invernaderos? Puede hacerse, y de hecho ya estamos trabajando en ello en colaboración con una universidad de Corea del Sur.

Uno de los principales problemas que tienen las explotaciones rurales es la seguridad. ¿Qué pueden hacer las TIC para garantizar a sus dueños la integridad de sus instalaciones? Prácticamente todo, desde monitorizar la actividad en el interior y el exterior de las naves a conectar la información obtenida por cámaras, micrófonos y sensores con las fuerzas de seguridad, por ejemplo.

Los desarrollos científicos y tecnológicos no se detienen, y tampoco su aplicación. Una nueva tecnología como es la impresión 3D ofrece un potencial inimaginable para agricultores y ganaderos, que pueden modelar sus propias herramientas o repuestos de forma directa, precisa y con un coste bajo.

Naturalmente, no todo es tan fácil. Hasta llegar a esos desarrollos aplicados es preciso un trabajo de investigación básica que muchas veces no es visible. Proyectos de I+D, publicaciones, tesis doctorales, congresos… Investigación, al fin y al cabo, que sirve como soporte de las aplicaciones que llegan al mercado. ¿Qué sería del sector de los fertilizantes sin la investigación química, o de la mejora de animales y plantas sin la genética, por poner dos ejemplos?

Vivimos en un mundo cuyos cambios afectan de manera rápida y profunda a todas las actividades, también las agrícolas y ganaderas. El campo de hoy no es el de la época de Unamuno. Ni tampoco la universidad. Conviene reflexionar sobre ello y valorar lo que para un sector con la importancia que tiene para la región supone la colaboración con los investigadores.

Deberíamos pensarlo la próxima vez que nos sentemos a la mesa.

Escrito por Juan M. Corchado

Catedrático en el Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Salamanca. Director del Grupo de Investigación BISITE // Full Professor in Area of Computer Science and Artificial Intelligence at University of Salamanca. Director of the BISITE Research Group

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