La innovación puede verse, en términos biológicos, como un ecosistema en el que distintos actores desarrollan actividades intensivas en I+D, manteniendo un equilibrio que favorece el crecimiento.

El concepto de innovación cerrada, vinculado al hermetismo con el que las empresas manejan la puesta en marcha de nuevos productos y servicios innovadores, se ha ido transformando para llegar a un nuevo modelo descrito por Henry W. Chesbrough que se denomina innovación abierta.

Este cambio no significa que las organizaciones renuncien al conocimiento y su explotación, sino que perciben que resulta más operativo para alcanzar sus objetivos la colaboración con otros actores del sistema, como las universidades, los centros tecnológicos y otras empresas. De esta forma llegamos a los procesos de transferencia de conocimiento, en el que las empresas y los organismos públicos de investigación juegan un papel determinante.

El modelo de transferencia de conocimiento y tecnología puede llevarse a cabo a través de cuatro tipos de acciones:

  • Adquisición de nuevos conocimientos: investigación y desarrollo tecnológico que incluye la construcción y pruebas de prototipos.
  • Adquisición de tecnología incorporada (maquinaria y equipos vinculados al nuevo proceso o producto).
  • Adquisición de tecnología no incorporada (patentes, know-how, marcas, patrones, servicios informáticos, etc.).
  • Otros preparativos para la producción y comercialización: preparación de máquina-herramienta e ingeniería industrial, diseño industrial de los productos y procesos; lanzamiento comercial de productos nuevos o tecnológicamente mejorados y formación del personal, cuando se requiere para la implantación del proceso o producto nuevo o tecnológicamente mejorado, entre otros.

Los proyectos desarrollados a través de este modelo, en el que colaboran varias entidades, reducen tiempo y costes, e incorporan soluciones que no hubieran sido contempladas por las empresas que lideran las iniciativas por falta de conocimientos, medios o simplemente tiempo.

En un entorno hiperespecializado, la oportunidad consiste en concentrar los esfuerzos en campos concretos del conocimiento para después conectar los resultados con el trabajo de terceros. Y eso es clave en la pugna de las empresas con su competencia por posicionarse en los mercados con nuevos productos y servicios que incorporen mejoras sustanciales.

En esa colaboración pueden participar numerosos actores. Las empresas, que lideran los proyectos y enfocan los resultados a su modelo de negocio, pero también las universidades, a través de sus oficinas de transferencia de resultados de investigación (OTRI), los parques científicos y tecnológicos, las plataformas tecnológicas (a nivel europeo), los clusters y los centros tecnológicos.

Ecosistemas para la innovación

Por eso es importante favorecer ese ecosistema innovador. Los anglosajones llaman spill over al efecto por el que los beneficios obtenidos por una organización aportan de forma indirecta ventajas a su entorno. Y eso se produce cuando existen espacios y vehículos que favorecen la colaboración.

Este modelo no nos es ajeno en Castilla y León, donde contamos con grandes estructuras en las que estos procesos se llevan a cabo de forma directa, como son El Parque Tecnológico de Boecillo y el Parque Científico de la Universidad de Salamanca.

Favorecer este tipo de sistemas es una de los objetivos de las administraciones que gestionan las políticas de I+D. Así ocurre con la Estrategia Regional de Investigación (RIS3), programada en Castilla y León para el periodo 2014-2020, y orientada a identificar los dominios tecnológicos y de conocimiento potencialmente generadores de ventajas competitivas. Esta estrategia impulsará el desarrollo de proyectos de investigación en colaboración entre empresas y centros de investigación y potenciará nuestros Parques Científicos y Tecnológicos.

En la sociedad del conocimiento, la ventaja puede estar no solo el poseerlo, sino en saber articularlo para generar valor a partir de la colaboración. En el terreno empresarial ocurre cada vez con mayor frecuencia, y a todos los niveles. Por eso no es extraño ver cómo las grandes empresas están creando sus propias plataformas de desarrollo para start ups, en las que trabajan de forma conjunta hacia nuevos desarrollos y soluciones que les permitan ser más competitivos.

Al fin y al cabo, la fórmula de I+D+i no es otra cosa que una suma de factores.

Escrito por Juan M. Corchado

Catedrático en el Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Salamanca. Director del Grupo de Investigación BISITE // Full Professor in Area of Computer Science and Artificial Intelligence at University of Salamanca. Director of the BISITE Research Group

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